[genero-salud-ddhh] Chaco. La violencia de género como violación de derechos humanos/chacoonline.com.ar
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Sab Nov 28 17:52:36 EST 2009
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Reportaje a Nancy Sotelo, coordinadora provincial del programa Juana Azurduy
La violencia de género como violación de derechos
humanos<http://www.chacoonline.com.ar/noticia.php?nro_nota=11801>
Mientras las integrantes del Programa Juana Azurduy realizan la recolección
de firmas para respaldar la creación del Consejo Provincial de la Mujer,
Chaco On Line conversó con la coordinadora provincial, Nancy Sotelo. En
diálogo con Lucía Gavello abordó la violencia de género como violación de
derechos humanos.
El Programa Nacional Juana Azurduy inició en nuestra provincia una
campaña de junta de firmas para apoyar la creación del Consejo Provincial de
la Mujer, Chaco on Line conversó con la coordinadora a nivel local, Nancy
Sotelo, sobre violencia de género y la importancia de la capacitación y la
creación de políticas claras contra esta problemática.
Por su naturaleza, desde el Programa consideran a la violencia de género
como una violación a los derechos humanos, “porque la mujer pierde la
dignidad, deja de sentirse persona y de tener esos derechos que se reconocen
a las personas, uno se pregunta por qué algunas mujeres soportan la
violencia tanto tiempo, es porque estas mujeres no viven sólo violencia
física sino un maltrato que hace que la autoestima y la valoración sobre su
propia persona se pierdan”. Sotelo sostiene que la problemática tiene una
profunda raíz social que recién ahora se está empezando a cuestionar, “se ve
una naturalización de la violencia contra la mujer, una concepción
patriarcal de sometimiento y de inferioridad de la mujer, queremos aportar a
que esto sea visible y se vea como un problema, como un delito.”
La mayoría de las situaciones de violencia se dan en el seno de los hogares
y con la pareja de la mujer como perpetrador del hecho, sin embargo, muchas
veces se violan los derechos de las mujeres en otros ámbitos. “Por ejemplo,
hay violencia que se ejerce en las dependencias de salud, no solo en el
ámbito público sino también en el ámbito privado, especialmente en lo que
tiene que ver con el no respeto de los derechos sexuales y reproductivos de
las mujeres –como la ligadura de trompas- estos derechos fueron reconocidos
a nivel internacional, pero en lo concreto y lo cotidiano vemos como se
violan en muchas situaciones”.
“A nosotros nos pasa seguido escuchar esos comentarios del tipo ‘¿y que pasa
con las mujeres violentas?’ o ‘¿y los derechos de los hombres?’” reconoce
Sotelo, pero sostiene que “la matriz de violencia contra las mujeres tiene
un origen cultural que se observa claramente en la realidad, hay una
relación desigual que siempre pone a las mujeres en un lugar de
inferioridad”.
Sotelo sostiene que mirando las estadísticas se entiende que en la gran
mayoría de los casos de violencia ejercida por mujeres no se puede hablar de
violencia de género porque las mujeres violentas “son violentas con todas
las personas, no solo con la pareja, no podemos negar que la violencia
existe, hacia los ancianos, hacia los niños, las niñas, pero cuando hablamos
de violencia de género específicamente hacia la mujer, en la mayoría de los
casos el violento es el hombre”. Este tipo de preconceptos son frecuentes y
muchas veces terminan jugando un papel muy importante en la perpetuación de
este tipo de patología social, “es frecuente que cuando asistimos a un caso
de violencia de género, el hombre sea visto por la sociedad, sus amigos, sus
compañeros de trabajo, sus familiares, como una persona buena, incapaz de
ser violenta, y que solo en el ámbito privado ejerza violencia con la
compañera”.
Este tipo de estructuras de pensamiento están arraigadas en toda la
sociedad, incluso en las mismas mujeres que son víctimas de la violencia,
“cuando una mujer está inmersa en este tipo de situaciones aparece el
sentimiento de culpa” explica Sotelo, “que tiene que ver con la violencia
continua, con el maltrato sicológico y la incapacidad de sentirse como una
persona digna y no merecedora de esa violencia”. Así como se da en el
sistema de salud, en el ámbito policial también se observa una
discriminación ejercida tanto por hombres o por mujeres, “nos encontramos
con historias de lo que sufren a diario muchas compañeras en las comisarías
sobre todo” cuenta Sotelo, “si vamos a una comisaría a denunciar que nos han
robado el auto, o que entraron a nuestra casa, no nos preguntan cómo
estábamos vestidas, si estábamos provocativas o no; cuando se hacen
denuncias por acoso o incluso violaciones, la policía pregunta eso o con la
mirada – que es otra forma de ejercer violencia- cuestiona lo que está
declarando la mujer”. Desde el Programa sostienen que la discriminación y
los prejuicios sobre la mujer denunciante “son formas de legitimar la
violencia, el hecho de darle más credibilidad al robo de una cartera o un
celular que a una violación, sin dudas hay que capacitar a las fuerzas
policiales y a los empleados.”
Esta persistencia de esquemas discriminatorios y auto-discriminatorios hace
mucho más difícil la tarea de las organizaciones de lucha por los derechos
de las mujeres, “una de las cuestiones fundamentales es el acompañamiento,
hay que acompañar siempre a la víctima, darle mucha información, pero nunca
obligarla a hacer una denuncia o presionarla” explica Sotelo, “en
situaciones de violencia es muy difícil porque necesitamos de dos partes, no
solo de la mujer que está siendo violentada, sino de otra mujer que la
acompañe”. Ocurre que la policía llega al extremo de no querer tomar una
denuncia de violencia “porque consideran que la mujer denuncia y al otro día
vuelve con la pareja y que todo va a ser en vano” explica, lo que hace
doblemente importante el acompañamiento, “para que la mujer tenga la
fortaleza para sostener esa denuncia, que es lo más difícil, el proceso que
viene después, la judicialización, el tema de los hijos”.
Otra herramienta, que se ha usado pocas veces pero que, según evaluaciones
del Programa, ha resultado efectivo, es el de los escraches a los
perpetradores de la violencia. “Los escraches que realizamos no fueron
azarosos ni de un día para el otro, sino que estudiamos la situación” aclara
Sotelo, “en el marco de la judicialización hay instancias en las que se han
cumplido todos los pasos pero la situación de violencia continúa, nos ha
pasado tener que buscar refugio con familiares o personas amigas para las
mujeres, porque la justicia misma recomendaba que el agresor no conozca el
domicilio de la víctima.” En esos casos, en los que la víctima termina
siendo prisionera y nuevamente violentada, “consideramos necesario hacer
público y poner en la vidriera al hombre golpeador, denunciamos al hombre,
en su ámbito de trabajo, en el ámbito social en que se mueve; muchas veces
sucede que la justicia llega con la condena social y no por los canales que
deberían funcionar”.
Sotelo destaca que la falta de políticas de protección de los derechos de la
mujer es el problema central, “así como en la provincia no contamos con
estadísticas reales de todos los organismos en la provincia que se encargan
de recepcionar las denuncias y de dar contención a las víctimas, tampoco hay
respuesta en forma de políticas que se implementen y que puedan tener un
impacto en las mujeres” explica, “por eso estamos apoyando la creación del
Consejo de la Mujer, que creemos que va a ser una herramienta que nos va a
servir para unificar todos esos esfuerzos que están fragmentados”. El otro
frente de batalla está en el ámbito de la cultura y la formación de las
propias mujeres, “hay que trabajar mucho en el empoderamiento de la mujer,
nos cuesta mucho eso de ir modificando nuestras conductas dentro del hogar”
reconoce Sotelo, “tenemos que recordar que también somos responsables de
transmitir eso a nuestras propias hijas”.
LUCÍA GAVELLO
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